Artículo para The Trend Net. Marzo 2012.
Albert Einstein sentenció: “El secreto de la creatividad es saber esconder las fuentes”. De la afirmación se deducen varias cosas, como por ejemplo que todo creador parte sí o sí de unas fuentes determinadas. El científico recomienda esconderlas. Sin embargo, en el contexto actual, ¿es esto posible?
Que conste: no estamos haciendo un juicio al respecto, sólo preguntamos si, en una época marcada por el continuo flujo de imágenes compartidas en la red, se pueden esconder las propias fuentes. Además de abrir el debate acerca de la débil frontera entre inspiración y plagio, esta reflexión nos llevaría a hablar sobre la cuestión de los derechos, el copyright, la ley SOPA y todo lo que tiene que ver con la jurisprudencia de esta problemática frontera. Pero éste sería otro tema. Aquí lo que estamos planteando es la posibilidad de no citar las fuentes en el siglo XXI. Hay quienes han dedicado su tiempo a demostrar que no es factible disimular la cita. Aseguran que una cosa son las –inevitables– influencias y otra la copia. Por ejemplo, daros un paseo por los blogs que analizan el tema a partir de los pósters de diseño gráfico: Rene Wanner’s Poster Page, el flickr Similarities o Extreme Graphic Design Plagiarism, donde encontraréis imágenes contrastadas que ponen en cuestión la idea de plagio, inspiración, copia, referencia y sello.
Acerca de este tema hay también mucha teoría filosófica, sobretodo a partir de Derrida y sus ideas sobre la inexistencia del original. Todo es copia, dice el filósofo de la deconstrucción. Es mítica también la afirmación en este sentido del cineasta Jim Jarmusch:
Que no haya original implica, entre otras cosas, aceptar la afirmación de Einstein que abría este post. Sí, todo es una fotocopia. Claro que hay alguna más exacta que otra.